Paja en el baño del ferrocarril

Paja en el baño del ferrocarril

Una de las experiencias más placenteras la tuve en un baño de la estación de trenes de mi pueblo.

Fue al regreso de una función cinematográfica, por entonces, la diaria diversión que existía en el lugar, además de los bailes que los clubes del pueblo programaban mensualmente.

El predio del ferrocarril no estaba muy alumbrado. Había que atravesarlo para pasar de un sector al otro. La luz era suficiente para recorrer el sendero de casi unos ochenta metros de recorrido entre varias líneas de vías.

Yo regresaba solo a mi casa. Era casi medianoche. Cuando estaba por la mitad del predio del ferrocarril, y antes de llegar a la zona de andenes, observé que a pocos metros hacia mi derecha venía una persona montada en su bicicleta. Inmediatamente no lo conocí. Recién pude reconocerlo cuando se me acercó y saludó.

Sin preámbulo me invitó a ir al baño de la estación, la que estaba totalmente desierta, como así también sus baños.

No era un lugar agradable. Espacios estrechos, techos de mampostería bajos, sucio de papeles y otras porquerías, olor nauseabundo, sin luz, en fin…

Entró primero él y se colocó a mi frente en uno de los retretes y me invitó a que me acercara.

Una vez que me tuvo frente a él, peló su aparato y me la puso en la mano.


Sorpresa al ver el tamaño de su verga

Wuouuuuuuu… ¡qué hermosa verga! Grande, con pelo ensortijado a su alrededor, gruesa y larga. Yo calculé unos 18 a 20 cms. Era tan gruesa que me sobresalté, pero al mismo tiempo comencé a arder de placer.

Él quería penetrarme. Yo le dije que eso no me gustaba y que no lo había hecho con nadie aún, pero no iba a hacerlo con él porque su verga era para mí descomunal.

Se la acaricié por unos instantes. Luego, era tal la calentura que me provocaba aquel pedazote de carne, que él se dio cuenta y me pidió que me arrodillara y la besara.

Yo no recuerdo que la haya besado. Sí, me acuerdo perfectamente que introduje esa verga grande y gruesa como pude en mi boca y comencé a saborearla. Él empujó sus piernas hacia delante, con lo que su pene se estrelló contra el fondo de mi garganta produciéndome cierto dolor que le comenté.

Seguí succionando mientras lo escuchaba gemir de placer. Besaba sus huevos y volvía con mi lengua subiendo por su tronco hasta llegar otra vez a su cabeza caliente y a punto de explotar.

Eso sucedió. Un chorro de leche caliente, otro más, otro más, y otro más, llenaron mi boca. A varios de ellos los tragué, pero con placer. No me produjeron asco, ni mucho menos.

Saboreaba aquel semen como si hubiese sido lo último a beber en mi vida. ¡Qué placer! ¡Qué calentura que tenía con aquel muchacho! ¡Y qué cantidad de esperma tenía!

Cuánto semen tenía su verga!

Una vez que lanzó su última gota, a la que dejé aprisionada en mi paladar, se acomodó sus prendas y se fue dejándome solo en aquel recinto lúgubre y oscuro que albergó uno de los momentos más excitantes de mi vida.

Aprovechando el momento y mi calentura, apenas toqué mi verga ésta estalló arrojando todo el semen que fui reteniendo desde que se inició este caliente encuentro.

Nunca más volví a juntarme con este muchacho. ¡Qué pena! Lo bueno dura poco. Me quedó la satisfacción de haber visto y probado semejante, ardiente y jugosa verga.

Hasta la próxima mis cachondos…

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